
De “chinitos” y otras cosas impropias
Por Jorge Arturo Monjarás
Cuando reviso el caso del señor a quien las cámaras captaron rasgándose los ojos en tono de burla detrás de una influencer coreana, lo que me produce es más preocupación que indignación. Me preocupa porque conozco a más de uno que hubiera hecho lo mismo: esas cosas que hoy horrorizan a los usuarios de redes sociales. No, no voy a dar nombres.
Es simplemente un asunto de reputación para las empresas, y uno de supervivencia para las personas en un mundo donde todos estamos en el centro de la escena, con los reflectores apuntándonos todo el tiempo. Esperemos que esto redunde auténticamente en una mejora de comportamientos, en el mejor de los casos y no en una nueva quema en leña verde.
Apodos y otros “cariños”
Los Boomers y buena parte de la generación X nacimos y crecimos sin cámaras. Aún las viejas películas Super 8 familiares se filmaban con todo mundo posando y saludando a la cámara. Así que cometimos una larga lista de tonterías que afortunadamente no quedan más que en la memoria de algunos cercanos.
“¿Te acuerdas cuando te paraste en la barra del bar y causaste cinco mil pesos en daños?”. “¿Recuerdas todo lo que le dijiste al cadenero que no nos dejó pasar a la disco?”. “¿Te acuerdas cuando te pusiste a llorar abrazado del mariachi?”. Nada de eso quedó grabado, ni se subió a alguna red social. Descansa en paz con nuestra dignidad y la de terceros, más o menos.
Pero además, crecimos con un trato hacia nosotros mismos y los demás que ahora se calificaría como sumamente irrespetuoso, pasado de lanza, por lo menos en las cámaras. Cualquier detalle anatómico, racial, de complexión, de carácter o cualquier defecto físico estaba destinado a ser resaltado de forma extrema, especialmente en caso de conflicto, pero a veces nada más porque sí.

El famoso director de cine Alejandro González Iñárritu tiene el apodo de “El Negro” en honor de un futbolista, quien por supuesto también era apodado “El Negro”, porque no se llamaba así. Hay Pelones como Suárez Gomis, el tenista Rafael Osuna, el beisbolista Benjamín Cananea Reyes. El apodo de “El Chino” tiene la doble causa de tener los ojos un poco rasgados o pequeños o el cabello ensortijado en Latinoamérica. Y bueno, del “Cojo Feliz”, un comediante que hizo de su estado físico una ventaja y un buen branding, ni hablamos.
En algún momento estos apodos pudieron haber sido muy mal recibidos o bien pretender ofender, sin duda. Leí por ahí que el entrenador de El Atlético de Madrid instruía a sus futbolistas que apodaran “El enano” nada menos que a Leonel Messi (quien sin duda es un gigante). Lo hacía con toda la intención de que le perdieran respeto al futbolista del Barcelona antes de un encuentro.
Muchos apodos se remontan a la edad escolar o incluso provienen del ámbito familiar. El “Flaco” o el “gordo”, en algún momento fueron diseñados para lastimar y luego terminaron siendo una palabra de cariño entre hermanos.
Dónde buscar ayuda
En ese contexto nuestra relación con los asiáticos está llena de, por lo menos, malentendidos, pero ante todo ignorancia y una que otra grosería. Lo más común, a todos los niveles, es llamar a todos los asiáticos “chinos”. A más de uno le parece de lo más normal pensar en todos los asiáticos practicando artes marciales, vestidos de kimono y últimamente entrenando Pokemones o bailando en una banda de K-Pop.
El hombre que ya perdió su chamba por jalarse los ojos en son de burla la regó, ni modo Pero no sé cuantos millones de mexicanos, ya sean whitexicans o bandita, hombres o mujeres, jóvenes o viejos lo hacen todos los días.
Si esto se lleva a la empresa, hay que concluir que cada colaborador puede ser un escándalo en potencia, no solamente durante el Mundial. Al respecto, no hay como la capacitación. Hay asociaciones y personas que han diseñado adelante gran cantidad de cursos sobre equidad de género y respeto a las minorías.
Está el Centro Educativo del Museo de la Memoria y la Tolerancia; el Pacto Global de la ONU ofrece cursos y talleres, La Casa Gaviota y el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir se especializan en temas de género. Se puede profundizar mucho sobre el tema del respeto racial y el respeto en general, para prevenir que un colaborador termine emproblemado por su cancelación en internet, y se lleve a la empresa de por medio.
Pero más allá del respeto y la civilidad, que son muy bienvenidos, hoy es necesario aumentar la conciencia de que estamos “al aire”, todo el tiempo. Hay comportamientos que, aislados y descontextualizados, pueden convertir a una persona cualquiera en el siguiente trozo de leña para esa hoguera en que se han convertido algunas redes sociales.
Las empresas con mayor conciencia en términos de respeto a los derechos de las personas deben señalar que un comportamiento aceptable de sus colaboradores no puede limitarse al ámbito del trabajo. El enfoque más positivo es señalar que las personas son embajadoras de sus marcas, donde quiera que estén. Y sí, hay todavía por ahí miles de personas a quienes les convendría una buena ronda de educación que les impulse a cambiar hábitos que los han acompañado toda su vida.
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