Imagen de un celular mojado vs una aplicación de pagos
En – 3 minutos de lectura

¿Finanzas embebidas? Vaya término horrible

En los últimos años, con la digitalización de los servicios financieros y el surgimiento de las Fintech en todas sus formas y colores, comenzó a popularizarse el concepto de embedded finance. La idea es simple: incorporar servicios financieros dentro de plataformas que no son, en principio, “de finanzas”, desde aplicaciones comerciales hasta redes sociales, plataformas de entretenimiento o videojuegos.

De hecho, es un fenómeno bastante cotidiano. Cada vez que pagas tu orden en una farmacia o haces esas compras de pánico en Amazon a medianoche sin tener que capturar de nuevo tus datos o “salirte” a tu banco, estás usando una forma de finanzas integradas. Y a medida que avanza el banking as a service (BaaS), las posibilidades crecen: los gamers pueden comprar nuevos paquetes de habilidades, autos o armaduras sin interrumpir la partida; una plataforma de video puede vender programas especiales por una módica cantidad extra con un solo botón y, en un futuro quizá las redes sociales conviertan los pagos entre usuarios en algo tan común como mandar un meme.

El crédito también entra en esta categoría. Basta ver el auge del BNPL (compra ahora, paga después): financiamiento integrado al proceso de compra, sin trámites visibles y con una fricción mínima. El potencial es amplio, casi infinito. Qué bueno: habrá mucho que escribir al respecto.

 

Las palabras precisas

Ahora bien, ya que hablamos de escribir: parte de la prensa especializada ha decidido traducir embedded finance como “finanzas embebidas”, porque al parecer en informática no es raro recurrir a ese término. Por eso va aquí una súplica —con cariño, pero firme— para reconsiderarlo.

En términos lingüísticos, mercadotécnicos y de uso del español, “embebido” comunica mal o peor: comunica otra cosa. Es un término correcto, sí… pero también engañoso y con asociaciones que no ayudan.

Según la Real Academia Española, embeber puede significar absorber, empapar, encoger, concentrarse en algo o, en efecto, contener una cosa dentro de otra. Es decir: una esponja embebe agua; podemos embeber un paño con alcohol para reanimar a un desmayado; una prenda de lana embebe si no la llevas a la tintorería; y un ejecutivo puede estar embebido en su trabajo, sin tiempo para divertirse.

La etimología lo deja todavía más claro. Embeber viene del latín imbibere, que significa beber, absorber, empapar. No por nada el directivo embebido en su chamba puede estar también absorto (absorbido). Todo muy correcto… pero difícil de vender cuando lo que quieres describir es un servicio bancario dentro de una app.

Porque una cosa es “integrar pagos” y otra muy distinta es que tu plataforma parezca empapada o que tu sistema de pagos esté ocupado en otra cosa.

El español, además, ofrece alternativas mejores. La propia Fundéu sugiere opciones como adscrito, agregado, incorporado, integrado o incluso empotrado (aunque ahí nos metemos en otros problemas). Pero en este caso, la solución es sencilla y elegante: finanzas integradas.

¿Para qué darle más vueltas?

Con ese término no estamos empapando cuentas ni encogiendo interfaces ni sugiriendo que alguien se “bebió” un servicio bancario. Solo estamos diciendo lo que es: una función financiera integrada en otra plataforma para que pagues tu nuevo jersey o tu membresía sin interrupciones… y te quedes embebido (ahí sí) en el partido del Superbowl.

Compartir entrada